El barrio Bellas Artes
Un lugar donde converge la cultura
Arquitectura, arte, literatura, moda, cafés y bares. Todo bajo un diseño urbanístico donde la bohemia y la vida nocturna se toman la ciudad.
Podría ser de día o de noche, da igual. Caminar por sus calles impregnadas de poesía y belleza, resultan atractivas para cualquiera. Quien gusta de la cultura, de la de gran escala, esa que se puede apreciar en los edificios, las moradas, monolitos y locales comerciales, en fin, todo lo que puede elevar a un barrio a la categoría de icono cultural de una metrópolis.
Todo lo necesario para recrearse y salir de una rutina agobiante en una urbe que estresa a diario. Es el mejor escape a una jornada laboral intoxicante, o bien puede ser el mejor panorama para recorrer un lugar de Santiago a pie. Romper ese itinerario fulminante o esa parquedad invernal que obliga a quedarse en casa es posible. Pasar una tarde aburrida y miserable, matando las horas de tedio y angustia sentado frente al televisor, podría ser una opción, pero a la hora de buscar algo que le dé un mejor uso a tu vida y un motivo para deleitar los sentidos, lo es que remover las cenizas y empujar al cuerpo para recorrer las calles del barrio Bellas Artes, se vuelve en la mejor alternativa.
Emplazado en pleno centro capitalino, su historia no es muy extensa. Un barrio que asomó como tal con la construcción del Palacio del Museo de Bellas Artes, que dicho sea de paso le da el nombre al sector, se convirtió en una zona habitada poco antes de los años cincuenta. Con edificios propios de la época, que por ese entonces irrumpieron en el diseño arquitectónico nacional, representa un baluarte para la urbanística santiaguina. Un verdadero variopinto entre el estilo Neoclásico y el Art Noveau.
Bares y cafés conforman otro de sus tantos atractivos para el visitante. En una ruta de día o tal vez nocturna, son innumerables los lugares para beber un trago bajo una tertulia embriagadora. No sólo por mantener sus puertas abiertas hasta pasada la medianoche, sino que además por su masiva y cosmopolita concurrencia. Franceses, ingleses, españoles, argentinos, italianos, brasileños, en fin, de diversas nacionalidades, sumado por su puesto a chilenos, conforman el público que frecuenta estas “tabernas”.
Su no menos preciable oferta hotelera con sus hostales, explican la gran gama de razas y nacionalidades que confluyen por las calles de este barrio.
No menos deleitante, para cualquier enamorado de la cultura, resultan las librerías que se encargan de ilustrar a cualquiera que pase por ellas. Las grandes ferias literarias y los conciertos de música clásica o de jazz que se presentan en los veranos, sumado a las funciones de cine y ciclos de documentales que se exhiben en plena época estival en las afueras del Palacio del Museo de Bellas Artes, representan otro número en la extensa carta cultural que se desarrolla aquí anualmente.
Pero si lo que se prefiere, es comprar algo que adorne el cuerpo, son diversas las tiendas de ropa que decoran las calles. Con sus coloridos fuertes y sus particulares diseños, las prendas que poblan el interior de sus vitrinas, pertenecen a una moda vanguardista, rallando en lo que convencionalmente se conoce como alternativa.
Es lo que la ruta de la cultura santiaguina tiene para ofrecer en un rincón que le da vida a la ciudad. ¿Quién dijo que Santiago es una urbe moribunda y estresante?, al menos el barrio Bellas Artes aparece como una especie de oasis en un desierto de cemento cada menos desértico. Y quizás porque obliga a recorrer sus calles a pie, es que lo hace más atractivo. Ya sea para un extranjero, un aburrido chileno o un enamorado del arte, caminar por ellas provoca un relajo, una suerte de regocijo muy poco habitual en una ciudad tan poblada.

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